Este desfase hace que los adolescentes respondan con mayor intensidad a estímulos inmediatos, como las notificaciones, los “me gusta” o las recompensas presentes en videojuegos y redes sociales, al tiempo que aún desarrollan las herramientas necesarias para controlar esos impulsos.
”Es como un automóvil con un acelerador muy potente y un freno que todavía está en desarrollo”, explicó Lucía Magis Weinberg al describir el funcionamiento del cerebro adolescente.
LAS PLATAFORMAS DIGITALES ACTIVAN LOS SISTEMAS DE RECOMPENSA
De acuerdo con la especialista, muchas aplicaciones y plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención del usuario mediante mecanismos que activan los circuitos cerebrales asociados con la recompensa.
Cada notificación, video corto o interacción genera un estímulo que incentiva el deseo de continuar conectado. En adolescentes con mayor vulnerabilidad, este patrón puede favorecer conductas repetitivas y, en algunos casos, evolucionar hacia una adicción comportamental.
Magis Weinberg señaló que la adolescencia representa una etapa clave para construir la identidad, desarrollar habilidades sociales y adquirir nuevos conocimientos. Sin embargo, también es un periodo en el que existe una mayor exposición a la presión social, los problemas de salud mental y los hábitos poco saludables.
LA CAPACIDAD DE ATENCIÓN TAMBIÉN SE HA REDUCIDO
Uno de los efectos que más preocupa a los especialistas es el impacto de las pantallas sobre la atención y la concentración.
Durante su intervención, la investigadora explicó que hace aproximadamente dos décadas una persona podía permanecer enfocada alrededor de dos minutos y medio frente a una tarea realizada en una pantalla. En la actualidad, ese promedio se ha reducido a cerca de 47 segundos, antes de que aparezca algún elemento que interrumpa la concentración.
La especialista también señaló que el acceso a teléfonos celulares antes de los 12 años se relaciona con alteraciones en el desarrollo cognitivo. Además, el uso excesivo de dispositivos puede repercutir en otros aspectos esenciales del crecimiento, como la calidad del sueño, la práctica de actividad física, la alimentación, la convivencia familiar y la construcción de la identidad personal.
”Hace 20 años podíamos permanecer alrededor de dos minutos y medio concentrados en una tarea frente a una pantalla; hoy el promedio es de apenas 47 segundos antes de distraernos”, expuso la investigadora.
FAMILIAS, ESCUELAS E INSTITUCIONES COMPARTEN EL DESAFÍO
La especialista presentó diversas acciones enfocadas en disminuir los riesgos asociados al uso excesivo de la tecnología desde distintos ámbitos de la sociedad.
En el entorno familiar destacó la importancia de acompañar a niñas, niños y adolescentes durante el uso de la tecnología, establecer horarios de desconexión y fomentar hábitos digitales saludables mediante el ejemplo cotidiano.
Entre las medidas planteadas para las escuelas mencionó fortalecer la convivencia presencial, impulsar una cultura digital responsable, desarrollar el pensamiento crítico y reforzar el papel de los docentes como guías durante el aprendizaje. En el ámbito institucional, señaló la necesidad de promover espacios seguros para la convivencia, garantizar plataformas adecuadas para cada grupo de edad y establecer mecanismos que favorezcan la protección de los menores en los entornos digitales.
EL DESARROLLO DIGITAL TAMBIÉN REQUIERE ACOMPAÑAMIENTO
La investigadora concluyó que el crecimiento de niñas, niños y adolescentes no depende únicamente de su entorno familiar, sino también del acompañamiento que brindan las escuelas y las instituciones frente a los retos que plantea el mundo digital.
El avance tecnológico ha abierto nuevas oportunidades para el aprendizaje, la comunicación y el acceso a la información. Sin embargo, especialistas coinciden en que comprender cómo interactúan las pantallas con el desarrollo del cerebro resulta fundamental para dimensionar los efectos que estas herramientas pueden tener durante las etapas más importantes del crecimiento.
Las investigaciones en neurodesarrollo continúan aportando evidencia sobre la relación entre los hábitos digitales y la salud mental, un tema que cobra cada vez mayor relevancia conforme aumenta el tiempo que niñas, niños y adolescentes pasan frente a dispositivos electrónicos.
DATOS CURIOSOS
· El cerebro humano continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años, especialmente las áreas relacionadas con el autocontrol y la toma de decisiones.
· Las redes sociales utilizan sistemas de recompensas inmediatas que estimulan la liberación de neurotransmisores asociados con el placer y la motivación.
· La adolescencia es una de las etapas de mayor neuroplasticidad, lo que facilita el aprendizaje, pero también incrementa la sensibilidad frente a estímulos externos.
· Diversos estudios internacionales han encontrado que la calidad del sueño puede verse afectada por el uso de pantallas durante las horas previas al descanso.