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NosotrAs: El silencio de los ejidos

1 week ago 7

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El matrimonio infantil, la desigualdad política y las niñas sin acceso a la educación podrían parecer problemas de otra época. Sin embargo, siguen siendo una realidad vigente. No muy lejos de nuestra ciudad, Saltillo, existen comunidades donde muchas mujeres todavía no pueden decidir sobre su propio cuerpo, su futuro o incluso sobre las decisiones que afectan a su comunidad.

Hablo de los ejidos, espacios históricamente abandonados por el Estado y marcados por profundas desigualdades sociales. Tan solo alrededor de Saltillo existen 106 ejidos. He tenido la oportunidad de conocer algunos de ellos y acercarme a las realidades que viven muchas mujeres y niñas. Quise aprovechar este espacio para visibilizar estas problemáticas y generar conciencia sobre situaciones que muchas veces permanecen invisibles.

Esto va en especial para Silvia Camarillo, quien fue una tierna niña a la que tuve la oportunidad de conocer. Su trágica historia al ser víctima de un feminicidio me partió el corazón y hoy escribo en su honor.

Al observar de cerca la realidad de estos lugares, se vuelve evidente que las raíces del problema son estructurales. La división sexual del trabajo coloca históricamente a los hombres como dueños y administradores de la tierra, mientras que las mujeres quedan relegadas a las labores domésticas y de cuidado. Esta situación las vuelve vulnerables, ya que muchas veces no cuentan con propiedad ni autonomía económica.

En México, más del 80% de las tierras parceladas están en manos de hombres. Esta desigualdad también afecta la representación política de las mujeres, ya que para formar parte del Comisariado Ejidal es obligatorio contar con derechos agrarios vigentes, lo que convierte estos espacios en estructuras altamente masculinizadas.

La falta de representación femenina favorece dinámicas de silencio e impunidad. En comunidades donde el estado es muy distante y no existen mecanismos reales de protección, la violencia física y sexual termina normalizándose. La tierra no es el único recurso sobre el que algunos hombres ejercen control; también los cuerpos de las mujeres y niñas son tratados como territorios de dominación y poder.

Muchas niñas son obligadas a abandonar la escuela para vivir con hombres mayores y dedicarse a labores domésticas, enfrentando violencia, embarazos infantiles y traumas que pueden marcarlas de por vida.Hablar de estas problemáticas incomoda, pero guardar silencio solo permite que continúen.

Visibilizar estas historias es un primer paso para cuestionar las estructuras que perpetúan la desigualdad y exigir una vida más digna y libre para las mujeres y niñas que viven en estas comunidades.

Estudiante de Transformación Pública y Gobierno en el Tecnológico de Monterrey, apasionada por el liderazgo, el arte y el servicio social. Desde joven he participado en proyectos comunitarios enfocados en la educación y la colaboración. Actualmente doy clases virtuales de arte a niños que viven en ejidos, experiencia que me ha permitido conocer distintas realidades sociales y reforzar mi interés por generar empatía y comunidad. Mi propósito es contribuir a la construcción de un futuro más humano, consciente y equitativo.

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