Denunciado desde 2019 por Francisco García Cabeza de Vaca, exgobernador de Tamaulipas, y documentado en los medios por Código Magenta, este delito fiscal –para su operación y encubrimiento– requeriría la complicidad de varias dependencias federales. Entre ellas: la Agencia Nacional de Aduanas (coordinada por la Marina), el SAT, la Guardia Nacional (perteneciente al Ejército mexicano), las secretarías de Energía y Economía, así como la Comisión Reguladora de Energía. Es decir, para importar un litro de gasolina se necesitan cubrir seis trámites, permisos y revisiones.
Bajo este razonamiento, según el gobierno, dos vicealmirantes son los líderes de un operativo que implicaba el control de seis dependencias y, además, de policías locales por donde transitaban miles de pipas en todo el país. ¡Haya cosa! Esto significaba, a su vez, cometer un fraude por 600 mil millones de pesos y disponer de un lugar para esconder el combustible ilegal tras el reparto correspondiente.
Sin duda, el Gobierno Federal no sólo considera a los mexicanos como tiernos parvulitos para que crean en sus falacias, sino que además esconde a los beneficiarios de este delito.
Por otra parte, un civil permanece en prisión acusado –como en su momento los Farías Laguna– de ser el líder de una banda criminal de huachicoleros, solamente que el caso Ruffo Appel ya se les desinfló con estos dos angelitos marinos. Al exgobernador de Baja California lo acusan de un fraude de alrededor de 5 mil 400 millones de pesos, es decir, apenas el 1 por ciento del megahuachicol, y pretenden con ello ensañarse.
Lo cierto es que día con día ese experimento de la dichosa transformación se enloda por la actuación de sus mismos funcionarios y su naturaleza burda y torpe. Lo peor es que, aun cuando se compruebe la inocencia de los acusados, ahí estará la Suprema Corte para ocuparse del caso.
“Quien tolera el desorden para evitar la guerra, tendrá primero el desorden y luego la guerra”. Siguiendo con el proceder de Morena, de cara al proceso para renovar gubernaturas, alcaldías, así como diputaciones federales y locales, resulta evidente que el barco ya está haciendo aguas. En este escenario, es notoria la presencia de al menos cuatro elementos en pugna: la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), el grupo de AMLO, los gobernadores y los partidos aliados. Bastan algunos ejemplos de nominaciones estatales para notarlo: en Quintana Roo pierde AMLO y ganan CSP y el Partido Verde; en Guerrero gana CSP con una candidata y una “tapada”; mientras que en Zacatecas pierden todos y gana Ricardo Monreal.
Y si las nominaciones a las gubernaturas fueron complicadas, lo bueno está por venir con el reparto de las 500 candidaturas para la Cámara de Diputados (300 de mayoría y 200 de “mentiritas”). Ya se habla de un relevo de Citlalli Hernández, como filtro de la Presidenta en el partido, debido a su ineficiencia y evidente conflicto de intereses.
Donde se buscan candidatos de manera urgente y se acepta de todo –hasta anticipados y remisos– es en el PRI y en el PAN. Y por lo visto, a ninguno le corre prisa por perder la elección o, al menos, por sentarse a negociarla.
En esta triste realidad de hoy, en la que no se persiguen ideales, sino intereses económicos, el voto es una útil mercancía y no un derecho, mientras el gobierno es la suma de los privilegios.
“El león no puede protegerse de las trampas, y el zorro no puede defenderse de los lobos. Por lo tanto, hay que ser zorro para reconocer las trampas y león para ahuyentar a los lobos”. Ya Pepe Ganem está en el bote. Se dice que es una estrategia para que Morena se haga tanto de la alcaldía como de los distritos de La Laguna; sin embargo, también trasciende que este escándalo no va dirigido hacia este exfuncionario, sino hacia sus socios y aliados. Entre ellos se señala a Miguel Riquelme y su grupo, quienes presuntamente blanquean sus fechorías, sobre todo porque hay una relación innegable entre Ganem y el exgerente de Coahuila, forjada en una serie de negocio$ al amparo del poder. Muy nerviositos andan en Torreón, situación que abona a favor de Manolo, contra quien Riquelme ya tenía estructurado un gobierno paralelo. “Hubieran avisado”, dijo aquel.